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domingo, 30 de diciembre de 2012

Navidad heroica


 La “Sala Capitular del Convento de San Agustín” donde se reunieron los próceres que instalaron la Junta Soberana de Quito, el 10 de agosto de 1809


El Telégrafo
El Telégrado


Lunes 24 de diciembre de 2012



Navidad heroica
Juan J. Paz y Miño Cepeda



El 24 de diciembre de 1808, encubriendo la reunión como si se tratara del festejo católico de la Navidad, se reunieron en la hacienda y obraje de Chillo, que pertenecía a Juan Pío Montúfar, Marqués de Selva Alegre, un grupo de familiares y de prestantes figuras de la elite quiteña, entre quienes estuvieron: José Luis Riofrío, Cura de Píntag, el capitán Juan de Salinas, los ilustrados Pedro Montúfar, Manuel Rodríguez de Quiroga, Juan de Dios Morales, Javier Ascásubi, Antonio Ante, Juan Pablo Arenas y Nicolás de la Peña.


No ha sido posible determinar los pormenores de dicha reunión, pero ha quedado claro que trataron sobre la situación creada en la España monárquica tras la invasión de Napoleón Bonaparte y la prisión del rey.


Los próceres quiteños, como ocurriría luego en otras ciudades de la Hispanoamérica colonial, acordaron constituir una Junta Superior, convencidos de la ilegitimidad del gobierno de Manuel Urries, Conde Ruiz de Castilla, Presidente de la Audiencia de Quito.


La noche de aquella Navidad se transformó en un hito histórico, porque los confabulados, al mismo tiempo que decidieron constituir la Junta, configuraron una doble reflexión: de una parte, asumían la representación del pueblo de Quito; pero, de otra, volvieron práctico y efectivo el principio de la soberanía, un asunto revolucionario e inédito, porque la instalación de una hipotética Junta y el desconocimiento que se proponían hacer de la autoridad de Ruiz de Castilla, precisamente se proyectaba sobre la base de que los quiteños reasumían la soberanía originaria, que era, según pensaban, la fuente primera de toda autoridad.


La Navidad de 1808 pasó a ser así el punto de partida concreto del largo proceso de la independencia del país, que solo pudo culminar el 24 de mayo de 1822 con la Batalla del Pichincha.


Los complotados fueron descubiertos y se iniciaron las causas criminales. Pero lograron sustraer el proceso. En adelante, obraron con mayor cautela y sin dejar otras huellas sospechosas. Hasta que llegó la fecha oportuna, pues nuevamente, aparentando otra reunión social en casa de Manuela Cañizares, coordinaron el movimiento definitivo ejecutado en la mañana siguiente, esto es el 10 de agosto de 1809, cuando los próceres quiteños controlaron el cuartel, comunicaron a Ruiz de Castilla que había cesado en sus funciones e instalaron la Junta Suprema, presidida por Juan Pío Montúfar, con la que se dio el “Primer Grito de Independencia”.


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